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Cronicas Terricolas de un Marciano

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Mis Cronicas, desde un paraje en el planeta Tierra, por alguien considerado por sus pares, como Marciano (no se porque! ni me interesa!)

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Miércoles, 17 de mayo de 2006

La Batalla Rosarigasina

GeoBitácoras:Cronica del encuentro en la ciudad de Rosario

Despuntando el mediodía, recibo la llamada de la teniente Silvia, preocupada por establecer una estrategia, porque según dijo, le parecía difícil encontrar un predio favorable a nuestro escaso número de tropa; luego de detallar lo que conocía como posibles campos de batalla, nos abocamos a un largo recuento por cuanta fuerza contábamos, pues había pasado mucho tiempo del ultimo reclutamiento. Como buen soldado raso, pasé a detallar los pormenores e intrínsecas razones de las deserciones, bajas, posibles reclutamientos, pero contando y recontando los refuerzos que nos llegarían de Capital, no llegábamos ni a diez, lo cual nos preocupaba bastante, pero como eternos luchadores, no íbamos a temer por un simple calculo matemático. Al ultimo llamado, respondieron afirmativamente la comandante Cintia, que acudiría a último momento con Seba, el apoyo logístico de Yani, la única médica disponible, que ya hacia unas horas estudiaba detalladamente nuestras necesidades en cuanto a medicinas.

Sumábamos la sargento Yanet, con la cual llevamos muchas batallas codo a codo, pero muy pocas ganadas; la sangre joven con soldados como Matias y su hermoso corazón adherido llamado Pamela, que parecen dos, pero son solo uno;

la recién reincorporada Melisa, con su conocida experiencia psicológica y alguien llamado Fernando, que no conocíamos, pero la teniente Silvia insistió que era de su extrema confianza.

Cercano a las 1000pm, marchamos a lo que indefectiblemente sería el campo de batalla, un predio que los indígenas llamaban Juan de la Cosa, con el blindado perteneciente a Cintia, en esos momentos bajo mi conducción, ya que es sabido la comandante en momentos antes de los enfrentamientos, solo se dedica a la lubricación y mantenimientos de nuestras armas. Con el sabido desoriente que me afecta, aborté el primer desembarco, pues había perdido las coordenadas, pero gracias a mi buen destino, sin darme cuenta los había detenido justo enfrente del enemigo; situación que generó bromas, en lugar de felicitaciones, dándome de entrada la peligrosa presunción, de que no era mi día. Tomamos al instante ubicación dentro del campo, atrincherándonos como siempre, sobre la izquierda; desenfundamos nuestras armas; a mi sargento Yanet, se le escapó una terrible ráfaga de 5 palabras por segundo, pero como buen conocedor de sus mañas, pude advertirles a todos que eso podía ocurrir y no tuvimos que lamentar victimas. El enemigo, comandado por un conocido gallego llamado Sergio Garcia, atacó con armas de grueso calibre, según parece fabricadas por otro gallego apodado Sabina, la cual no esperábamos, pero al instante respondimos disparos certeros con flores cubanas, bendecidas como siempre por nuestro Mesías Silvio, que hicieron impacto directo en las filas del enemigo, pero debido a la gran cantidad que nos enfrentaban, no podíamos volcar la batalla a nuestro favor. Varias horas de ataques y respuestas instantáneas, nos fue agotando, sumado a la demora en el abastecimiento de los víveres, causa de un bloqueo desleal y falto de ética, organizado por simpatizantes del Gallego; comenzamos a lamentar bajas y deserciones; fueron los primeros, la teniente Silvia y Fernando, que al llamado urgente, decidimos renunciar, pues es mas importante proteger nuestros hijos, ya que son los futuros sustentos de nuestra lucha; siguieron Matias y Pamela, aparentemente abocados al desarrollo de nuevas armas, para la descarnada lucha; cuando nos sorprende un misil gallego con ritmo cuasi tropical, que impacta de lleno sobre la sargento Yanet, desatando un bailongo de aquellos, digno de otro tipo de batallas. Decidimos por unanimidad, apostando al viejo refrán “soldado que huye sirve para otra batalla”, parapetarnos en otro lugar mas guarecido para nuestra salud y comenzamos a evaluar las lesiones recibidas; Yanet padecía mareos, por tanto despliegue físico; Sebastián hacia esfuerzos por mantener aunque sea un solo ojo abierto, mostrando una imagen de pirata tuerto que perdió el parche; Cintia desvariaba por aturdimiento; Melisa, aunque un poco desorientada ya que siendo conocedora del lugar, no encontraba donde poder reponernos, parecía la menos afectada, pues insistía en diagramar pronto otra batalla; Yanita abocada por completo a subsanar heridas, sobre todo las de Sebastián; después de la reanimación que me practicó la sargento Yanet, con su eficaz “despertate boludo”, me doy cuenta que había perdido mi brazo derecho, quedando mas zurdo antes y sin lamentarlo demasiado, pues la derecha fue la que siempre metió la mano en mi bolsillos, marchamos a descansar y comienzo a escribir cien veces: no debo enfrentar al enemigo cuando me supera en numero, no debo enfrentar al enemigo cuando me supera en numero, no debo enfrentar al enemigo cuando me supera en numero; sigo en otro sitio, para no cansarlos demasiado......Un abrazo, Paco Achaval 10/05/2005

Por: Paco Achaval | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

soy un biganense que se fue de bigand a los 13 años.
conoci a un achaval que algo debe ser tuyo, mi padre es honorio ruben aguirre.leia lo de la herencia frustrada de los biganense y vi tu relato, no puedo darte mucha opinion, debo leerla con tranquilidad,y darte mi opinion, saludos si te comunicas seria un gustazo, le voy a preguntar a mi viejo sobrea chaval el debe conoser bien respecto a tu familia

ALBERTO LUIS AGUIRRE | 17-09-2007 05:34:55

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