Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Cronicas Terricolas de un Marciano

Acerca de

Mis Cronicas, desde un paraje en el planeta Tierra, por alguien considerado por sus pares, como Marciano (no se porque! ni me interesa!)

Búsqueda

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

Lunes, 07 de agosto de 2006

El día feliz que esta llegando.

7 de agosto de 2006.

Aunque pareciera calculado matemáticamente, o programado por un software infalible, llegamos a las puertas del Sudamérica, exactamente a las 10 hs., de pura casualidad; con un bolso enorme, que por supuesto me toco cargar por decreto femenino, y unos 10 o 15 bolsas que no me tome el trabajo de contar, para no empeorar el clima. Ni bien pasamos la puerta; mejor dicho, luego de esperar unos minutos en la compañía de turismo, creyendo que era la administración del hotel; las ansias de abrazos, desmantelaban nuestras imágenes destruidas, trocándolas por sonrisas de felicidad, a pesar de que solo minutos antes, casi nos sacamos los ojos con la libreta del civil!. Es que siempre nos ocurre lo mismo, quien recuerda encuentros troperos, sabe, que a pesar de todo lo normal que influye en nuestras vidas: desgracias reales, apatías humanas, pecados capitales, realidades económicas; ya todo comienza a ser tan virtual, tan cuento asombroso, que se produce la soñada alquimia de trocar el barro en oro; quizás algún escéptico crea que estoy exagerando, y bueno!, si la noticia de que un grupo terrorista deja cintas grabadas, con sus intenciones y planes de atentados, y por el mundo entero corrió como asombrosa revelación, ¿porque no puedo sufrir esa irremediable utopía de creer, que todo tropero, es buena persona?.

Y a mi me escarba la ansiedad

me escarba hondo acá en lo blando

me escarba simple de escarbar

como para que se hunda mas

el día feliz que esta llegando.

En la entrada nos cruzamos con varios troperos, ya en la sala del hotel reencontrarnos con caras conocidas y otras que veíamos por primera ves, son sensaciones imposibles de relatar; ¿como explicar el ambiente de familia?, son esos placeres sin precio material, y si los hay, pues todo se paga con dinero, no importa, mañana será otro día y ¡veremos como cubrir los saldos!. Desayunamos con parte del grupo, hubo intercambio de presentes, de noticias, las reiteradas preguntas: ¿qué es de tu vida?, cuentos de anécdotas en viajes, bromas con algunos troperos, que a pesar del tiempo transcurrido desde el ultimo encuentro, por suerte, nada ha cambiado!, seguimos siendo utópicos incorregibles, soñando en pleno siglo XX, insertos en una sociedad globalizada, con la amistad, moneda fuerte que refleja la verdadera riqueza de un ser humano. Casi al mediodía, recién pudimos ocupar la habitación, desparramamos la ropa en el mini placard, nuestros cuerpos sobre la cama en una reparadora siesta. Por la tarde, luego de un baño despertador, nos encontramos nuevamente en la sala, recibiendo nuestras credenciales, boinas, otros recién llegados, lluvia de abrazos, besos, miradas de esas que son como grabadoras digitales, solo que mas cálidas y sabrosas, para llevarse por tiempo indeterminado los rostros alegres de troperos. Entre tanta alegría, el tiempo pasa sin darnos cuenta, alguien dijo: -¡ya son la nueve!, uh!, vamos, comenzamos con agruparnos para compartir taxis, armamos grupo con Marcelo y su pareja, se detiene un uno ante nuestras señas, le decimos la dirección, y con esas astutas maniobras típicas de taxista porteño, pregunta por donde ir; recuerdo que no llevaba mi guía de calles, y asiento con un –si, por ahí, como reconociendo las calles, cuando en realidad el hábil conductor, detecto que no teníamos la menor idea por donde llegar a Avda. Caseros. Por supuesto, por la módica suma de 8,50 pesos argentinos, nos llevo por un mini tours sobre la calle Combate de los Pozos, alargando solo unas 15 cuadras del camino mas directo al Centro Cultural. Al llegar, recorrimos la muestra fotográfica, conocimos el Centro, nos reencontramos con otros troperos y trovadores, abrazos interminables, intercambio de noticias y demases. Conversando con Pancho, me pregunta si tengo presente los acordes de guitarra del tema Canción con Todos, y si!, por ser la típica canción con que se terminaba cantando, en todos los encuentro corales, al unísono, casi un himno en el medio de canto grupal, aun la recuerdo; me propone ensayemos un poco, nos trasladamos a un costado del escenario, encontrándome con los trovadores que abrían la descarga del día; Osvaldo que me desconcentraba con sus bromas y ocurrencias (a todos les ofrecía una chupada a su porongo), Martha eslongando su figura, Myriam y Luz tratando de afinar con mi tono demasiado grave; Diego, Pancho, Eulogio, Jose sumando voces al super grupo con insignificante guitarrista, je, je, cosas del destino!, verdad?. Comienza la descarga, palabras emotivas de Diana, Marcela, Alexandra, mi primer actuación junto a semejantes trovadores; luego cada uno de ellos presenta sus canciones, mucha buena música, de esa solo para escuchar en perfecto silencio, para saborear cada palabra, cada nota disparada desde gargantas llenas de verdades, amor y libre del clásico interés comercial, que con tanto daño y mala fama empañan la música actual. Finalizando la noche, baja demasiado la temperatura, alguien comenta “tengo hambre”, y recuerdo que con tanta charla, amistad compartida, hacia como 4 horas que no ingeríamos alimentos, o algo conque engañar nuestros estómagos. Nos agrupamos nuevamente con intenciones de volver al hotel, los extranjeros y provincianos comenzamos la rutina de preguntas para orientarnos, pero justamente el que conoce exactamente la línea de colectivos que nos lleva a destino, es Axel, un cubano que grita: “si, el 91 nos deja cerca”; esperamos unos minutos, se divisa un interno, hacen señas para que se detenga mas o menos diez brazos desaforados, pues el frío, hambre, y la típica impaciencia argentina, ya marcaban estragos. Llenamos el interno, a los gritos como buenos argentinos, contagiando a los extranjeros; un tropero cree que ya estamos en destino, da la voz de “aura”, todos nos levantamos eyectados, por el miedo de perdernos, pero faltaban solo unas quince cuadras!, menos mal que el único cubano que conoce Buenos Aires Capital, nos dejo bajar a 50 metros del hotel. Salimos decididos a cenar, sin tener en cuenta el horario, que no era un fin de semana y la mayoría de los restaurantes ya habían cerrado; rotamos de puerta en puerta, que cerraban ante la visión de una orbe hambrienta, casi como perros galgos, recorriendo los tarros de basura por mi pueblo. Osvaldo nos recuerda que un restaurante atiende casi las 24 horas, mandamos una avanzada que no volvió, y luego de una parada en un puesto de “panchos”, nos dirigimos en masa a cenar y seguir disfrutando la noche; llegamos, ante el asombro de las mozas por la cantidad de comensales y lo absurdo del horario, nos ubicaron en un rincón del local, algunos decidieron cenar, otros desayunar, siguió la charla de amigos, nuevos amigos que realmente se sienten como de toda la vida; bromas con las “buenas carnes argentinas”, fotos insinuantes, risas, comienza la famosa rutina de traducción titulada: “Ciro dice”, a cargo del afamado políglota Julio Álvaro (habla casi castellano, peruano, argentino, chileno, uruguayo, boliviano, paraguayo, etc.) que debido a su muy mala memoria, traduce o inventa de acuerdo a la expresión facial de su interlocutor (un verdadero genio dotado de una gran inventiva, resumiendo: un gran cómico). Siguió la odiosa situación capitalista, tener que pagar lo consumido, por cuanto se determino por defecto a Pavel, contador de la Tropa, licenciado en determinación de costos por persona, (creo que puso de su bolsillo). Como para finalizar el día, nos dirigimos al hotel, a nuestras habitaciones, unos con el animo de seguir disfrutando lo que la vida nos regala, otros nos desmayamos sin remedio, ni opciones a tanto cansancio; aun llenos de gracia, por el día feliz que al final llego.

Un Abrazo, Paco Achaval

Por: Paco Achaval | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos