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Cronicas Terricolas de un Marciano

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Mis Cronicas, desde un paraje en el planeta Tierra, por alguien considerado por sus pares, como Marciano (no se porque! ni me interesa!)

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Martes, 08 de agosto de 2006

Me veo claramente.

8 de agosto de 2006.

La promesa, antes de dormirnos, era madrugar tipo nueve de la mañana, desayunar esas apetecibles medias lunas (no dietéticas); pero tras dos noches con tanto ritmo, nuestros cuerpos y reflejos flaqueaban ante las exigencias del caso; personalmente sufría una rara especie de borrachera abstemia; mientras mi Gallega, en alocada incertidumbre pretendía incorporarse, vestirse, asearse, perfumarse, etc., en un solo movimiento tipo giratorio, tratando de emular a esas tontas actrices en cortos publicitarios, donde todo es mas fácil; o suponiendo ser Bati-Chica, que ante el llamado de justicia ejemplificadora, en pocos segundos, ya esta montada en su disfraz. Como era de suponer, llegamos casi al limite de horario para el servicio de desayuno; nos quedamos mas tranquilos, no éramos los únicos trasnochados; las coquetas troperas lucían sus pesadas ojeras acusadoras, aun con supuestos denodados y abnegados esfuerzos de maquillaje; los troperos, sin la menor intención a disimular lo mal dormidos, fabricaban la mejor sonrisa de sus años jóvenes, destruidos pero irresistibles, como gladiador romano triunfante y magullado. Largas charlas, café por medio, llega Julio Alvaro (el políglota), contando que solo llevaba unas horas de descanso, culpa de sus compañeros de cuarto, lo cual explicaba su irascible actitud y desconcertante pregunta: -¿que hay de cenar?. Es normal, la explosiva mezcla de alcohol, trova y descarga, no es fácil de afrontar; para los mas jóvenes: un desafió, para nosotros: un suicidio involuntario. Jorge nos presenta sus amigos, la familia Berolatti; mi Gallega encuentra sus almas gemelas, gente adicta a las artesanías; comienza el éxodo hacia las buenas “carnes argentinas” (asadas), nos juntamos a la espera del “91” y recomiendo quitarnos las boinas negras, pues si coincidía el conductor del día anterior, difícilmente se detenga para que suban veinte pasajeros, gritando consignas desconocidas, en variados acentos sud americanos y con mas desconocidos uniformes. Ya en el Centro Cultural, nos esperaba un riquísimo olor a carne asada, no tanto para mi adquirido vegetarianismo, aunque no me atraiga el clásico plato argentino, no me molesta que mis amigos, se desvivan por devorar cadáver de vaca sagrada; pero en la poca variedad de nuestra costumbre gastronomica gaucha, como en la publicidad de “sopas”, solo me quedaba ¡otra ves pasto!.

En la espera del punto exacto, que solo el asador determina, volvemos al ritual fotográfico – fílmico; Julio Alvaro y Miguel Ernesto, ya hacen migas de una amistad enternecedora, seguramente a causa y necesidad del niño, por un traductor a sus tempranos discursos troperos, ¿o no?. Nos acomodamos en la larga mesa, mas diálogos, risas, Mirna convidando sus tradicionales mexicanos, (mi dios!, ¿como pueden comer tan picante?), llegan los ambicionados “chorizos”, “morcillas”; el inevitable silencio a causa de “bocas llenas”, aun no todos, pues se de varias troperas con la asombrosa habilidad de masticar, hablar y tejer a dos agujas en el mismo momento. Brindis reiterados, fotografías, los clásicos aplausos para el asador; la incumplida promesa de no dormir mi deliciosa “siesta santiagueña”. Volvemos al hotel, finjo enfermedad temporaria, alcanzo a quitarme el calzado y sin el menor tiempo para sueños de unicornios, pierdo el conocimiento y no reconozco, ni a mis amores de toda la vida; desde la óptica de románticos trasnochadores, dormirse, es morir un poco; pues como será indefectible, prefiero seguir practicando.

Al despertar, escucho el normal bullicio de troperos en el salón central, de reojo busco índices horarios, pero nos encontramos lejos de casa, de la rutina diaria, del novedoso sistema de esclavitud legal, nuestro calvario; por lo tanto, ¿a quien se le ocurre llevar un reloj despertador?; pero no puedo pasar mucho tiempo sin conocer el horario exacto, como si fuera un esclavo, a quien por gracia libertaria le han quitado sus grilletes y sigue arrastrando sus pies; cosas de viejos!, vivir con horarios, así que di media vuelta sobre mi eje imaginario y seguí durmiendo. Cuan equivocado, oigo pasos, movimientos sobre el picaporte y un agrio epíteto –che!, ¿vas a seguir durmiendo?. –están todas tus “amigas” preguntando por vos!, (pues cuando la onda viene con reproches, son mis amigas!, je, je la democrática Gallega con su filosofía: lo mío es mío y lo tuyo es solo mío, cuando yo quiera y se me antoje). Realizo esfuerzos para contener el insulto, calzo mis ropas, bajo al salón, nuevamente en ambiente tropero, cálidos abrazos que simulan el viajar muy rápido entre glaciares y trópicos; creo estar en el paraíso; no en el edén, pues allí eran muy pocos y flor de lío que armaron; este contiene mas variedad de personas: seres con nombre, apellido, email y nick; hermosas troperas a las cuales me urge preguntarles: ¿no te da lastima ser tan linda?; hermanos troperos que incitan a cuestionarme, ¿porque demore tanto en encontrarlos?; sabidurías que delatan mi vida anterior, dentro de una estúpida burbuja; un mundo de hadas y unicornios, el habitad soñado en mi niñez!; me descubro tratando de participar en cada tema, como si fuera posible tan habilidad!, recaigo en ese clímax emotivo que produce tanta amistad sin compromisos, tantas voces con predisposición al dialogo pacifico y recuerdo letras del “Maestro”:

Me veo atento a los ruidos internos,

feliz, tristemente queriendo

de veras ser mucho mejor.

Me veo claramente buscando palabras

que sepan dar vida y dar muerte al amor

me veo claramente, me veo claramente,

me veo si miro a mí alrededor.

Emprendemos el camino hacia el Centro Cultural, nueva fiesta tropera, descarga de otros trovadores, buenas canciones, danzas, mas conocidos; temperaturas bajas, haciendo mella en nuestros físicos, caturreamos acompañando a los troveros; pero el frió no se va!, por mayoría, decidimos volver a cenar en el mismo restaurante, de la noche anterior, nuevamente elección de platos, mas amistad, mejor temperatura ambiente; otra ves pedimos cuentas separadas, pero pagamos juntos (que hermosa anarquía!); demasiado trasnoche a mi ritmo habitual, conlleva la pesadez de mis párpados; me incitan agradablemente a dejarme caer sobre la mesa, pero las dulces palabras de mi amada “no te duermas, ¡boludo!”, me mantienen en vilo hasta que se me autorice abandonar la triste imagen de zombi sonriente.

Un abrazo, Paco Achaval

Por: Paco Achaval | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Gracias por despertar mi imaginación y arrancar sonrisas.

Bea | 16-09-2006 15:20:49

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