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Cronicas Terricolas de un Marciano

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Mis Cronicas, desde un paraje en el planeta Tierra, por alguien considerado por sus pares, como Marciano (no se porque! ni me interesa!)

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Jueves, 10 de agosto de 2006

Aunque no este de moda.

10 de agosto de 2006.



Desperté recordando, que dentro de mis múltiples ocupaciones laborales, debía concurrir en busca de un software, comprado por teléfono desde mi pueblo; estaba también en nuestros planes, ir de compras al mercado de frutos en la localidad de Tigre, pero mi Gallega acusaba fuerte dolor de cabeza, agitación asmática y otros síntomas típicos de una buena gripe invernal; por lo tanto, debido a su reconocido vicio de compradora compulsiva, se replanteo, que en esas condiciones era imposible practicarlo. Acordamos dejar el paseo de compras para el sábado, salimos en busca de la dirección que me dictaron, con el mapa de la ciudad bajo el brazo, comenzamos la caminata; propuse tomar un taxi, pero recibí un: ¡-no, noooo, yo quiero mirar vidrieras!, es increíble, minutos antes desfallecía de agitación, ahora proponía caminar 30 cuadras; Podría parecer que su intención era no dejarme solo, pero en tantos años juntos conociéndonos todas nuestras debilidades y vicios, delata que su verdadera actitud, es “no perderse nada”, cueste lo que cueste, caiga quien caiga!. Así que, asumido los fueros, ella disfrutando el comercial paisaje, yo como preocupado navegante con mi elemental astrolabio, dilucidando paso a paso la enorme ciudad, llegamos al edificio determinado; esperaba encontrar un rostro que materializara la vos, que al teléfono se mostraba tan amigable, pero esos códigos neo liberales, a los cuales siempre me resistiré aceptar como gobernantes religiosos de nuestros actos, me impidieron conocerlo; me atendieron por un portero eléctrico, seguramente me analizaron físicamente por la camarita de seguridad y me entregaron el producto en la puerta del pasillo; era previsible, la operación comercial era irreversible, ya habíamos abonado!. Desandando el camino, emulando a Pulgarcito volviendo por las mismas calles, pero por la vereda opuesta a pedido de mi Gallega, que protestaba, -esta vidriera ya la vi!, llegamos nuevamente a la 9 de Julio; nos encontramos con Martha y una amiga, que reía y comentaba:-esta Martita es increíble, hace días que esta en Buenos Aires y encuentra conocidos por las calles, yo llevo cinco años viviendo aquí y no conozco a nadie!. Nos detuvimos a almorzar, otra siesta reparadora, para viajar nuevamente al Centro Cultural; encontramos al grupo, nos enteramos que uno de los últimos nietos recuperados, no asistirá a la charla programada, ya que había recibido amenazas; proyectan el video, desgarrador como esperaba, es imposible contener lagrimas; la impotencia a su máximo nivel, ¿como reparar tanto daño?, ¿cómo disimular la sed de venganza?, solo la búsqueda de la superación, como ser humano deseoso de vivir en armonía, me detiene a meditar, recapacitar, pero por sobre todo, no renunciar en pedir justicia y mantener viva la memoria, como única arma contrastada con tanto terrorismo. Comienza el debate; lamento que no me sorprenda escuchar, que tantos hechos y atentados contra el pueblo argentino, precedieron y se repiten en casi todos los países latino americanos, en mano de gobiernos militares y avalados siempre por los defensores de la democracia capitalista; cuanta ironía!, como si se tratara de un cuento de terror, repetido una y cien veces, en distintos escenarios. Pero no todo esta perdido, con los comentarios y opiniones, siempre queda siembra de raciocinio, una luz de esperanza, solo que aparentemente falta irradiarla con mucha fuerza, para que ilumine las mentes de nuestros sucesores, ya que la lucha no debe abandonar el reclamo de justicia, pues en este siglo tan mediático, todo lo que no reclama a diario, se olvida rápidamente; y aunque no este de moda:

Algo nos esta pasando

un ruido como de pasos viene

en la oscuridad y se vuelve a ir

algo nos esta pasando

desde que la gente esta empeñada

en quererse amar y en poder vivir.

Volvemos al hotel, cambiamos ropas y partimos a las clases de tango en la Confitería La Ideal; nos encontramos con buena gente, mas troperos, algunos troveros; la pareja de profesores, acostumbrados a intentos sobre humanos de hacer bailar tango a muñecos de madera, muestran los pasos básicos, nos proponen formar parejas, me hago el distraído con la intención de safar algunos minutos;

mi Gallega encuentra en Marcelo un acompañante, hasta que la vos de mando, casi silenciosa y acompañada de gestos me indican “veni para aca y deja de hacerte rogar”. Salgo a la pista de baile, asumiendo que tengo menos posibilidades de moverme al ritmo de milonga, que el mismísimo “Robocop”; luego de vanos intentos de enseñarme, de parte de nuestra profesora, y yo tratando de no pisarla, me deja con mi Gallega para practicar lo aprendido;

del cual, lo único rescatable es que por unos minutos, recordamos viejos tiempos, donde bajo otros ritmos, nos retorcíamos en danzas donde la inmovilidad, era mucho mas agradable, que el movimiento bien acompasado!.

Luego pasamos al primer piso, encontramos un mundo muy particular, donde las danzas porteñas hallan el caldo justo para desarrollar ese paisaje tan autóctono, admirado por todo el mundo, “la Milonga”. Era imposible captar tantas imágenes, no alcanzaban mis ojos para llevarme todo, imaginar que historias llevaban a tanta gente, la mayoría entrada en años, a vestirse al limite de lo que marca la moda, al borde de lo extraño, al símil del disfraz; como esa señora bastante mayor, que no renunciaba a su vestido de raso rojo, que aparentemente estreno en sus quince años; o el señor que peinaba canas, vestido a la época de antaño, pero con un aro en un lóbulo de su oreja, que cambiaba de pareja en cada ronda de baile, como Rey que regala bendiciones, abusando de su magnánima figura. Luego de unas horas, viendo que poder cenar era imposible para nuestras economías, nos retiramos en busca de nuestro acostumbrado comedor disponible las 24 horas; ya al grupo se agregaron troperos recién llegados de Cuba; Carlos nos pone al tanto de sus ideales, sus sueños, su muy personal opinión sobre los argentinos; aunque muy decido en sus planes, no lograba determinar cuales era sus pretensiones de cena, terminando como lo suponíamos, probando algo del plato, de cada uno de nosotros. Otro día que termina en peregrinación al hotel, cansados los mas viejos, cantando los mas jóvenes (algunos recién comenzaban la noche), nos fuimos despidiendo llegando al hotel, con el agradable saludo “hasta mañana” pues siempre sugiere un “esta historia continuara”.

Por: Paco Achaval | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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