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Cronicas Terricolas de un Marciano

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Mis Cronicas, desde un paraje en el planeta Tierra, por alguien considerado por sus pares, como Marciano (no se porque! ni me interesa!)

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Viernes, 23 de febrero de 2007

El Regreso.

Nuestras vacaciones edición 2007.

Partiendo de conceptos como, “nunca resultan tan buenas las segundas partes”, (ojo, no deliremos!, hago referencia a las películas u obras literarias tan vendidas, que impulsan la ambición de los agraciados autores y castigan a sus clientes, con una seguidilla interminable de desgracias del personaje central!, pues hay otras segundas partes, que siempre resultan deliciosas!, ya mas distendido, luego de la glotonería de la primera, se saborea mejor, no?); pretendo contarles nuestras desventuras vacacionales, a bordo de La Maraca Mecánica, en una re edición del año anterior, “La Maraca Anfibia”.
Luego de varios días, planificando como se merecen mis cortas vacaciones, cambiando rutas drásticamente, de acuerdo a comentarios, precios, pronostico del tiempo y disponibilidad de saldos acreditados en cuenta; acordamos, con mi socia mayoritaria y autoritaria, partir jueves por la noche, rumbo a Santa Rosa de Calamuchita, en la provincia de Córdoba.
Como de costumbre, realizo el paneo minucioso de elementos mecánicos, con posibilidades y intenciones de hacer zozobrar en pleno viaje, a nuestra querida y único medio de transporte posible; detectando una cubierta trasera en grave estado, no me queda mas remedio, debo sacrificar parte de los ahorros en cambiarla; pero debido a un futuro cambio de medidas en las mismas, la suerte de encontrar 4 usadas de la misma marca y tipo, prefiero invertir mas dinero, para mejor viaje. Nunca resulta!, se me escapo el detalle de balancear las mismas antes de salir a la ruta; por lo tanto, entre las quinicientas lomas de burro, el estado de las rutas argentinas, (pues en nuestro país, hasta el asfalto mejorado es efímero!, hoy están re pavimentando y el año que viene, ya esta lleno de cráteres!), la suspensión tipo carretilla, las cubiertas des balanceadas, resulto ser el viaje mas ruidoso y vibrado de la historia!, hasta perdimos parte de la masilla, que disimulaba horribles orificios en la carrocería.
Llegando a Rio Tercero, ya divisamos negros nubarrones en dirección a nuestro destino; era de suponer!, nos esperaba otra desventura de La Maraca Anfibia. Ya en el dique, luego de unas fotos, recorrida de puestos de venta, con la desesperación por deglutir pasteles caseros, pan de chicharrón, etc.. por parte de mi Gallega, comienza a lloviznar.



Al parecer, la misma nube que nos despidió el año pasado, nos descubría y recibía en sus dominios; lloviznas, truenos, aguaceros, pintaban el paisaje de vivos colores; vidrios empañados, calor sofocante y el tupido mal humor que acarreaba nuestra suerte, despintaban los mismos, pero siempre es preferible, estar de vacaciones!.
Al llegar, sin opción a entrar en la acostumbrada mesa de discusiones, nos detuvimos en el mismo camping del año anterior; luego de registrarnos, elegir un lugar cerca de los sanitarios, preguntar cual era el lugar con mas sombra (que ilusos, pensamos que el sol nos iba a molestar!), me propongo estacionar la Maraca entre cuatro añosos árboles, con la participación de la ayudante de pista y sus consabidos “un poco para allá, un poquito mas para acá”!; hacerle un comentario, sobre lo útil de sus indicaciones, es dar comienzo a otra encarnizada guerra y como no era terreno apto para campo de batalla, preferí ayudarme con los espejos retrovisores, a pesar de mi mala visión!; pero su gracia, es digna de ser retratada: dando saltitos aniñados, grititos, desplazándose de un lado a otro, llamando la atención de todos los vecinos, agitando sus brazos, dando por sentado (poniendo sus brazos en jarra y moviendo su pie derecho como marcando el compás) que el problema radica en mis años, no en su danza de estacionamiento, que me vuelve loco y desorienta por completo (al punto que la buscaba por los espejos y la tenia justo enfrente!); es para comerla a besos o comérsela cruda de acuerdo al nivel del amor que le tengas. Por supuesto que quedó mal estacionada y demasiada inclinada, para pretender dormir cómodos; a la mañana siguiente cambiamos nuestro lugar por uno como mucho barro, pero sin declives!.
Esos días de camping, fueron amenizados por nuevas amistades con artesanos propietarios de kombis VW, copiosa lluvia, río crecido, horas en el paseo de artesanos, llovizna, mateada a orillas del río, deambular por los comedores buscando precios accesibles (que al parecer, en un acuerdo comercial, ninguno aceptaba pagos con tarjeta de crédito), algunas horas de sol (que coincidían con los horarios de mis sagradas siestas), lluvia intermitente, alguna que otra discusión por comentarios: “si hubiéramos ido a la playa, tendríamos mejor clima”, corridas bajo la lluvia, cruce a pie por un puente colgante e importante caminata nocturna por su negativa de pedir un taxi.



El domingo amaneció lluvioso y decidimos conocer Yacanto de Calumuchita; camino muy sinuoso, en subida, paisajes muy mojados, limpiaparabrisas continuo, para llegar al pintoresco pueblo y no poder descender de la Maraca por la forma en que llovía, almuerzo dentro de la kombi, mateada mirando llover por las ventanillas, necesidad de usar sanitarios, usar nuestra sombrilla playera como paraguas para dos, y cuando el mal humor era incontenible, recurría a mi viejo truco de dejar salir el “bufón” que llevo dentro de mis tantas personalidades, en fin, la necesidad, siempre fue hereje!.



Siguiendo con la vieja costumbre, de visitar el santuario de la Virgen de Alta Gracia, partimos en otro día lluvioso a cruzar el dique Los Molinos;

Bajando del Dique Los Molinos

la necesaria detención para enfriar el motor, visita a todos los puestos de artesanías y degustación de manjares serranos, fotos, descenso parado sobre el pedal de freno, la pregunta de siempre “¿esto estaba el año pasado?”, almuerzo en comidas rápidas, visita a la histórica Casa del Che (por fin mantenida como corresponde, sin prejuicios sobre coincidir o no con su ideología, contando la verdadera historia, o la que nunca nos contaron, ya que tenían prohibido hasta su apodo); paseando por la ciudad, terminamos llegando al Santuario, solo después de preguntar por el camino y seguir a un grupo de monjas, que obviamente tenían el mismo camino.
Entrando la tarde, partimos hacia Villa Carlos Paz con cielo nublado, nos registramos en el camping del A.C.A., perdimos unas horas buscando el lugar adecuado, como siempre debe tener buena sombra, mesa, parrillero, conector de energía eléctrica, proximidad a los sanitarios, buena imagen en los acampantes mas cercanos, o sea “misión imposible”. Nuevamente viajamos en Maraca al centro de Carlos Paz, como siempre demasiado transito para calles angostas repletas de “estacionados”, error en la elección de calles, nos alejamos del centro por la avenida costanera, vuelta a retomar el camino, estacionamos bastante lejos, rutina de artesanías (agravados pues ahora hay dos centros de reunión a solo 800 metros de distancia), adopto posición estática central, para amenguar horas de pie, mientras mi adorada recorre uno por uno dichos puestos, se estira la hora de cenar, me niego a seguir deambulando por la calle peatonal, digo las palabras equivocadas, a la personita equivocada, en el lugar equivocado y arrancó pa`atrás; desde ese momento tuve el “NO” asegurado, salta una seguidilla recordatoria de todos mi errores desde que nos conocimos, nos sentamos en un comedor y ante la demora en nuestra atención, se levanta dejándome solo en la mesa; trato de explicarle al desorientado mozo, que por esas cosas del destino perdió dos clientes, pero ganó en tranquilidad, pues en ese grado de descontrol, nadie la conforma, menos un comedor con precios promocionales; terminamos cenando una pizza fría, bajo un silencio coloquial absoluto, para cuando se decidió que artesanía comprar, ya habían levantado el puesto.



Como era de suponer, amanecimos con lluvia, partimos con lluvia, nos despedimos de las Sierras Cordobesas con lluvia; solo nos recibió el buen tiempo y sol, cuando regresamos a nuestro pueblo. Lo que revitaliza realmente, es estar de vacaciones!, no importa el lujo, ni los paisajes paradisíacos, ni los momentos históricos o desafíos maratónicos, en nuestro carro “gitano” motorizado, pasamos hermosos días lejos de nuestra rutina laboral y en el normal clima afectivo, al que estamos acostumbrados.

Por: Paco Achaval | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Que Grande Paco... salgo del trabajo reventado, veo tu mensaje en nuestro Blog (encombi) y me cruzo a ver tu pagina... la verdad... me mate de risa y disfrute mucho el acuoso relato. Es fabuloso como las cosas simples de la vida se tornan en lo mas hermoso.
Te felicito por tu Blog, lo vamos a seguir leyendo y cuando, por fin, tengamos nuestra combi... los vamos a llenar de relatos y aventuras!
Un abrazo

Leo | 06-03-2007 22:53:30

Hola Paco, vivo en Córdoba y sé bien de sus paisajes y malos tiempos, pero con tu relato los he recreado y me he divertido mucho. Gracias.

ana | 12-04-2007 20:27:12

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